martes, 7 de mayo de 2013

De paso. Relato del mes de mayo de Esta noche te cuento.


Tres días ha que no habla, no come, no consiente compañía alguna. Se la ve deambular de una estancia a otra en palacio. Al caer la noche, su inquieta sombra ennegrece el castillo y su llanto se mezcla con el canto de las cigarras y el croar de las húmedas ranas.

No encuentra consuelo a tanta aflicción.
Atrás quedaron las perdices que auguraban felicidad. No imaginó entonces que su condición de princesa fuera pasajera.

Y ahora, se pregunta con perplejidad qué diablos es eso de ser Reina.

sábado, 13 de abril de 2013

Caballero De Fina Estampa (Relato presentado al concurso de Abril de ESTA NOCHE TE CUENTO)



- ¿Qué es un caballero, mamá?
- ¿Por qué me preguntas eso?
- Porque ayer, el abuelo de Megan estaba oyendo una canción sobre algo así como un ‘caballero de fina estampa’.
- Pues debe de ser una grabación muy antigua.
- Sí, el abuelo me dijo que tenía un par de siglos.
- Entonces, mamá, ¿qué es un caballero?
- Hija, los hombres no siempre han sido damiselos.
- ¡En serio, mamá!
- Sí, hija, hubo un tiempo en el que los hombres eran los que mandaban y las mujeres se limitaban a servirles. Entonces, al igual que las mujeres de hoy, eran ellos los que luchaban por la protección del grupo defendiendo valores y enfrentándose a todos los peligros y como en la época pre-tecnológica iban a caballo, se les llamó caballeros. ¿No has oído hablar de Don Quijote de la Mancha?
- ¡Ni idea!
- Creo que lo reescribieron bajo el título de ‘La ingeniosa Dulcinea del Toboso’ y era sobre las aventuras de una mujer que se chifló de tanto leer historias de manga y se creyó que era un Pokémon que tenía que evolucionar…
- Ah, sí, y que evolucionaba en un bosón de Higgs…


sábado, 16 de febrero de 2013

¡Hasta la corona!

Observando el sentir general, tengo la sensación de que el escrito de hoy no va a ser muy popular pero no por ello voy a dejar de escribirlo. 
Ha llegado la derecha al poder y con ellos el sentimiento anti-monárquico se ha desbocado. No contentos con privatizar con explicaciones a los ciudadanos de que se gestiona mejor algo privado, cuyo fin último es el negocio particular, que lo público y cosas por el estilo, ahora se han lanzado a la cruzada mediática contra la monarquía aprovechando los abusos cometidos por uno de los miembros de la familia real.
A la cruzada se han unido todos: la derecha, la izquierda y los ciudadanos de a pie que, sin saberlo, están a punto de reproducir situaciones ya vividas en este país por antiguos monarcas.
Aunque comparta algunos de los razonamientos para el desmantelamiento de la institución, como el hecho de que todos somos iguales y que la cuna no debe marcar la vida de unos pocos elegidos y convertirlos en intocables, yo me pregunto si sería mejor tener un presidente que un rey.
Visto lo visto, el hecho de tachar al rey para poner a un presidente en su lugar no termina de convencerme. Han sido tantos los desmanes cometidos por políticos corrompidos y regidos por sus ideas que casi prefiero a alguien que esté por encima de ideologías y cuya preparación esté íntegramente dirigida a conseguir de él un hombre o una mujer ecuánimes que escuchen a unos y a otros. El soberano es el representante de este país y ha sido entrenado para enfrentarse a cualquier situación ya sea civil, militar, política e, incluso, protocolaria. Es una especie de padre de todos nosotros, una figura de respeto y respetada. 
Si cambio el escenario me encuentro con un presidente del estado que es un político con ideas marcadas, con lo que representaría tan solo a una parte del electorado. Además, sería más fácilmente corrompible, pues sus garbanzos no los tiene asegurados y su preparación no es en absoluto comparable a la de un monarca que ha sido entrenado con esmero desde la cuna para ejercer una determinada función.
Mis sospechas están en el gobierno actual, en su afán privatizador y su codicia por hacerse con todo lo lucrativo que le quede al estado y ahora esa saña contra la monarquía me resulta sospechosa y me temo que, ahítos de dinero, ahora se hayan propuesto desbancar la competencia y no pararán hasta conseguir alzarse a lo más alto. Y lo peor de todo: las masas, azuzadas por los medios de comunicación, les van a hacer el trabajo sin que ellos muevan un dedo. Porque al ver a la gente arremetiendo descarnadamente contra la pareja real a la que hasta hace poco observaban envidiosos con el rabillo del ojo, vienen a mi mente imágenes del circo romana donde las multitudes pedían a gritos el sacrificio de algún prisionero.
¡Dios nos libre de un político con corona!

domingo, 10 de febrero de 2013

Sensibilidad

Todos los años, por estas fechas, se asoman a la superficie del mar las temidas medusas. Su llegada es comentada por los bañistas que diariamente acuden al Club Náutico a respirar aire cargado de yodo y desarrollar el espíritu deportivo que les impulsa a darse el tonificante chapuzón. Entre las conversaciones que surgen alrededor de los tentáculos de estos seductores seres, hay una que no falla: 'esto no es normal. Antes sólo había medusas en verano... ¡es el cambio climático!'. Si hacemos memoria nos veremos a nosotros mismos diciendo esa frase el año pasado y el anterior...
No, el mundo no ha cambiado tanto. Ni siquiera decimos la verdad cuando proclamamos que lo que está pasando hoy en día no pasaba hace años. Las circunstancias sí son diferentes, pero los los tozudos acontecimientos se repiten flotando por encima de las olas de las circunstancias.
Los que sí vamos percibiendo las cosas de manera diferente somos nosotros. Objetos que en otros tiempos nos impresionaron por lo avanzado de su tecnología, su diseño aerodinámico y su apariencia casi de ciencia-ficción, nos parecen hoy anticuados artefactos carentes de cualquiera de los atributos anteriormente enunciados.

Todo esto surgió porque el otro día vi circulando en mi ciudad un Seat 127 y de repente me quedé asombrada de su aspecto. Recuerdo que por los setenta, los jóvenes de mi generación se pirraban por gozar de la oportunidad de sentarse cómodamente tras el voluminoso volante y moverse de un lado a otro escuchando música de cassettes a todo volumen. Hoy en día, sin embargo, el vehículo resulta arcaico y da la impresión de que su decrepitud no es nueva, sino que en realidad nació ya viejo y desvencijado.
Pero entonces llega a mi memoria el recuerdo aun disponible de aquel vehículo primoroso que todos queríamos poseer y me digo, no, el vehículo no es el que ha cambiado, somos nosotros los que lo percibimos con una mente que ha ido refinándose de tanto mirar, que ha ido haciéndose cada vez más culta y exigente. ¿Y nuestra sensibilidad? en cierto modo también ha mejorado. Somos más conscientes del daño que causamos a los animales; nos hemos vuelto más aseados; entendemos mejor los derechos de unos y otros....
El mundo no se ha convertido pues en un lugar mucho peor porque entretanto nos hemos ido puliendo y ahora somos, aunque no lo sepamos, mejores que antes... y, si no, ¿por qué no se paran delante de un 127 y le buscan esa belleza innovadora que un día les conmovió el alma?

lunes, 28 de enero de 2013

El circo



Las clases de lengua española en el colegio no me gustaban demasiado. En aquella época todo se limitaba a las reglas de ortografía, dictados y un montón de conceptos cuya definición repetíamos sin que nuestro cerebro las contemplara para poderlas interpretar. De aquellas largas horas perdidas memorizando disparates sólo recuerdo alguna que otra redacción en la que por algún motivo mi sensibilidad surgió desde lo profundo para dejarme transcribir mis incipientes sensaciones.
De entre ellas, una hablaba del circo. Recuerdo describir el solar abandonado que se transformaba de la noche a la mañana en un lugar mágico de ilusión y fantasía. La carpa redondeada a rayas blanco y rojo  bordeada por hileras interminables de bombillas que conseguían encender la emoción de la chiquillería. La noche, horas inusuales para  presenciar el espectáculo y el irremediable final que dejaba tras de sí el solar nuevamente abandonado.
Pues a veces me viene a la cabeza la misma imagen cuando contemplo el mundo actual. Siento que me estoy moviendo por calles que no son calles y paso ante fachadas detrás de las cuales no hay nada. La gente se desplaza distraída, llenando de sentido un decorado construido sin su consentimiento por algún ente manipulador que trata de dar vida al hueco escenario a base de engañar a las personas haciéndoles creer que hay algo detrás.
Aparte de la vacuidad, observo los ademanes resignados de aquellos que no hace mucho surcaban el mundo en total desenfreno y ahora, culpables, miran el asfalto que va derritiéndose al contacto con sus pies. Se apagaron las luces del mundo, las bombillas se han fundido y el decorado se ha acartonado, dejando entrever en su interior las piedras del solar que un día despertó fugazmente de su letargo.

jueves, 17 de enero de 2013

¡Oye!






Me da la impresión de que a nosotros, los españoles, no nos gustan demasiado las palabras cortas. ¿Será que su longitud no nos proporciona el tiempo necesario para pensar lo que vamos a proferir al minuto siguiente? o tal vez se trate de un vestigio de aquellos tiempos anhelados en los que nuestro país clavó su bandera en casi todos los lugares del planeta y nos acostumbramos a la grandeza que proporciona el oro. El caso es que, siendo la hija de un otrorrinolaringólogo (palabra larga que debe representar el súmmum del poderío), me siento muy herida por el tratamiento que está teniendo en nuestra sociedad ese verbo tan esencial como es el verbo "oír" consistente en tres letras de nada, vocales además dos de ellas, y una tilde incrustada en su mitad como una daga.
A primera vista nos podría parecer que la palabrita carece de cualquier trascendencia, aunque ese verbo chiquitito raquítico encierre una de las capacidades más esenciales del ser humano, pues es capaz de proporcionarnos el lenguaje y, con él, la columna vertebral de nuestra relación con la sociedad y con nosotros mismos. Su ausencia nos sume en el más terrible de los aislamientos, una alienación tal vez superior a aquella que proporciona la falta de visión.
Para no perder el hilo de mi discurso volveré al principio, a fijarme en esas tres famélicas letras que constituyen según la Real Academia de la Lengua el cuerpo de lo que significa: "percibir con los oídos", con lo que la pregunta "¿Me oyes?" significa literalmente: "¿Me percibes con los oídos?".
Pues bien, ¡Ya nadie dice eso! Les debía parecer muy poco sofisticado utilizar un verbo tan mermado y se han decantado por el más rimbombante "escuchar" que, por cierto, no significa lo mismo en absoluto. 
Según la Real Academia, "escuchar" significa "prestar atención a lo que uno oye", entra aquí en juego la voluntad como dejan a las claras frases como: "te oigo pero no te escucho".
Nuestra gente ha elegido la longitud con una palabra cuya última sílaba está aplastada de un manotazo por la  'ch' que contiene. ¿Me pregunto si habrá en la elección un cierto impulso masoquista?
A todas horas oigo presentadores radiofónicos preguntando a sus oyentes (o mejor, escuchantes): "¿Me escuchas?"; "No se te escucha"; "Apaga la radio que no se escucha bien"... 
Mientras tanto, yo me acuerdo de mi pobre padre y del cariño que puso en facilitar la vida del moribundo verbo y me apena pensar que canciones como "Oye, como va, mi ritmo..." de Carlos Santana van a perder su poesía con esa maquiavélica "ch" incrustada en el "Escucha como va, mi ritmo..."

lunes, 6 de febrero de 2012

En nombre de Dios


Dicen algunos que el año 2012 marca el final de los tiempos. Se basan en predicciones dejadas por los Mayas que establecen como fecha final de nuestra civilización el 21 de diciembre de 2012. Muchos presienten que estamos inmersos en tiempos turbulentos que concluirán con el comienzo de una nueva era basada en parámetros totalmente distintos a los actuales. 
En realidad, observando los acontecimientos a mi alrededor me asombro al contemplar cómo se ha ido perdiendo el razonamiento lineal, lo que antes llamábamos 'sentido común', y las mentiras han sido aceptadas como válidos postulados mientras todos sin excepción sabemos cuál es la verdad.
Aparte de esta fuga de verdades asistimos a la peor crisis económica en la historia de la humanidad. Una crisis que se produce cuando todo occidente se ha postrado de rodillas frente al dios dinero. Hoy en día todo lo que el ser humano lleva a cabo está basado en la idea del dinero y lo que éste representa. Proliferan en nuestras ciudades chiringuitos en los que se compra oro a cambio de liquidez. 
Esta mañana mientras estábamos parados en un semáforo, alguien se ha acercado a la ventanilla del coche para darnos la tarjeta de uno de esos establecimientos. Aparte del nombre, El Arca de la Alianza, a simple vista nada nos llamó la atención especialmente, poco interesados como estábamos en vender oro. El sobresalto se produjo cuando dimos la vuelta a la octavilla y nos encontramos con la siguiente imagen: