lunes, 14 de marzo de 2011

Una autobiografía


Nunca me gustaron los libros de Agatha Christie. La trama siempre me pareció un ejercicio de malabarismo en el que las sospechas iban recayendo en todos los personajes menos en el asesino que salía a relucir al final de la historia sorprendiendo a los desorientados lectores.
Sin embargo, por una serie de circunstancias, últimamente me he visto forzada a entrar en contacto con la escritora. Entre otras cosas porque cuando se separó de su primer marido, Archibald Christie, decidió poner tierra por medio y pasar un tiempo en las Islas Canarias.
Los acontecimientos me han llevado a su Autobiografía. Un libro que me ha presentado a un ser excepcional. Desde sus páginas la dulce Agatha me va contando pausadamente acontecimientos cotidianos de su vida en un inglés maravilloso. Me voy adentrando en el mundo de la Inglaterra post-Victoriana y la acompaño en aventuras viajeras de aplastante modernidad. Se me presenta como una mujer valiente que consiguió entrar en el libro de la fama sin pretenderlo animada por una madre que le proporcionó la clase de educación que, sin necesidad de asistir a ningún centro educativo, la impulsó a ejercer su creatividad. La pequeña Agatha aprendió a leer ella sola, fijándose en la posición de las letras de los carteles que veía cuando salía a pasear con su niñera. A pesar de pertenecer a una familia acomodada la vida le puso muchas pruebas como la muerte de su padre siendo una niña y, como consecuencia, duros problemas económicos.
Su segundo matrimonio con Max, un arqueólogo muchos años más joven, es una muestra más de la modernidad del personaje. En estos días de lluvia, con mis calcetines de lana y enrollada en la manta, me siento con mi libro en la mano a escuchar unas historias que, aunque ocurrieron hace ya casi un siglo, siguen estando de actualidad, lo cual demuestra que las cuestiones básicas de la vida son siempre las mismas.
Y, antes de irme me gustaría dejar una anécdota que es buena muestra de ese sentido del humor inglés del que Agatha hacía uso con gran maestría para recomendarle a sus amigas: '¡Cásate con un arqueólogo! ¡Cuánto más tiempo pase, más bella te encontrará!'
Una autobiografía muy interesante para todos aquellos que tienen la nostalgia posada en el alma.

martes, 8 de marzo de 2011

Casas de cristal


People who live in glass houses shouldn't throw stones
Hace un par de días disfrutamos de un almuerzo en la casa de la fotografía, una burbuja de cristal frente al Atlántico mecida por el rumor de las olas rompiendo y esponjándose contra las rocas. La dueña ha hecho un maravilloso trabajo arquitectónico derribando antiguos tabiques para sacar a la luz el alma de la vivienda y fundirla con la brisa cargada de salitre. Allí, el murmullo del mar nos susurra al oido despreocupadas canciones de grandeza imponente que silencian nuestras más triviales inquietudes. El océano respira profundo y, cuando ve que nos asomamos, se retira lentamente para enfocar la vista hasta que se acerca con un resoplido mirándonos abiertamente con ese amor que a la vez subyuga con un respeto reverencial.
Se me antoja que, al igual que las casas, nosotros también vamos acristalando nuestro ser. Descubrimos que los muros que nos protegían no eran tan seguros como habíamos pensado y cualquier temporal inoportuno podría dejar nuestras vergüenzas al aire. Nos dimos cuenta de que la película de piel que nos cubría no era una referencia sino que, muy al contrario, era cambiante y caprichosa. Descubrimos, al fin, que lo único permanente era nuestro interior intacto y asfixiado allá adentro bajo tantas y tantas capas de experiencias. Así pues procedimos a acristalar nuestro ser cuando las apariencias externas nos resultaron sospechosas y anhelábamos ponernos en contacto directo con la vida en toda su potencia para que ésta nos devolviera esa imagen que el espejo del dormitorio sigue empeñándose en deformar.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De repente



Fue de repente, como siempre sucede con los acontecimientos decisivos. ¿Será que su aparición inesperada los reviste de una gravedad que no tendrían si hubieran sido la consecuencia de un largo y profundo desgaste?
Vivimos marcados por las incertidumbres: no tenemos conocimiento del día o la hora en que nuestra actuación llegará a su fin y la aparición de hechos repentinos nos aproxima peligrosamente hacia nuestra más íntima verdad.
¡Qué ciegos estábamos!, decimos entonces situados en esa zona en la que las piezas empiezan a encajar. ¡Y sordos!, añadimos: las alarmas sonaban confundidas con el deseo de nuestros oídos de fundirse con el canto de los pajarillos del jardín al oscurecer. Te veíamos ya deambular por esa peligrosa zona en la que los sueños se mezclan con los sufrimientos y las verdades últimas, que te han venido persiguiendo inútilmente, consiguen atraparte jadeantes rozándote las orejas con su cálido aliento.
¿Qué hacer?, nos preguntamos desde nuestro ahora, alzando los hombros en señal de impotencia. Extendemos torpemente los brazos que irremediablemente se desintegran nada más rozar la cortina de fluidos transparentes que separa nuestros mundos. Tengo la sensación de que el allá te va devorando y sus temidos pobladores, con sus desagradables voces, gritan todo aquello que más te duele. ¡Estoy aquí! ¡No temas! gritamos, aunque las palabras reboten y tú, que querrías creernos, nos mires asustada sabiendo en lo profundo que no podemos hacer nada.


lunes, 15 de noviembre de 2010

La ausencia


La Real Academia de la Lengua Española define la ausencia como: Acción y efecto de ausentarse o de estar ausente. Parecería pues que una vez ido el ausente sólo quedara un lugar completamente vacío. Sin embargo, contrariamente a lo que pueda parecer, la ausencia se me antoja como una circunstancia llena, poblada por múltiples sentimientos y vivencias sólo apreciables por aquellos sin los cuales ésta no existiría.
Cuando yo era pequeña, en los tiempos en los que el mundo era inmenso y las distancias mucho mayores e insalvables que ahora, los adultos hablaban de 'guardar ausencias', una especie de luto autoimpuesto cuando un novio o novia se ausentaba durante un tiempo, principalmente dirigido a aparentar ante los demás cuánto se echaba de menos al embarcado y acallar rumores. Esto era así porque antes las ausencias eran mucho más solemnes que ahora. En realidad, en el mundo actual hemos despojado a casi todo del brillo de la solemnidad a cambio de la satisfacción de la inmediatez.
Antiguamente, el ausente dejaba tras de sí un hueco lleno de vivencias tan intenso que sus efectos apenas se calmaban con ayuda de fotografías y largas cartas de papeles perfumados que lentamente atravesaban los océanos de la distancia. Eran ausencias plagadas de frases dichas y no dichas, de remordimientos y anhelos, de planes futuros que empezarían a fraguarse tan pronto como el barco atracase en el muelle.
Hoy ya nadie escribe cartas pues el contacto entre unos y otros es total y permanente. Aunque estemos al otro lado del mundo siempre existe la posibilidad de contactar instantáneamente via telefónica o internet y hablar con quién queramos mientras observamos su rostro en la pantalla del ordenador.
¿Será que hoy en día hemos vaciado las ausencias? Si no es así, desde luego éstas han perdido la intensidad de antaño. Puede que las ausencias de hoy hayan pasado a ser lugares vacíos en los que sólo brilla eso: la ausencia.

miércoles, 6 de octubre de 2010

CONCURSO PARADELA (Octubre): El retrato


Me creo moderna cuando miro la foto. Tan engañada estoy yo como lo estaba ella cuando pensó que aquel momento duraría para siempre. El ojo travieso de la cámara le proporcionó la posibilidad de calmar su alma cuando, años después, el tiempo se le escapaba y parada frente al retrato se buscaba en él. Entonces la caliente nostalgia se abría paso desde su interior generando en ella la impotencia y el desasosiego del nunca más.
Aún era capaz de recordar la tirantez de los rulos plegando sus cabellos la víspera. Los tubos de metal que la vecina manejaba con gran habilidad mientras contaba mil anécdotas recogidas aquí y allá y rociadas con toques de imaginación. Hasta ella llegaba el fuerte olor a alcanfor del vestido de paño de Zamora que languidecía guardado en el ropero de caoba y el tintineo de la medalla del Sagrado Corazón que tanto había hecho para atraer al indeciso novio. Le impresionaban sus ojos, jóvenes, prematuramente desprovistos del brillo de un par de años antes. Incluso sentía la verguenza de sus sentimientos de entonces: una mezcla de orgullo y rabia por culpa de ese ser cuya pequeña vida lo había invadido todo.
La foto quedó detenida en el tiempo mientras sus protagonistas continuaron bogando por los ríos de la vida. La madre y el bebé se han aunado en el tiempo y ya no tienen edad. Todos somos todo a la vez: bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos y, además, somos antiguos, aunque algunos creamos que no.

sábado, 28 de agosto de 2010

Detenida, hablándonos desde la urgencia del pasado


Cuando entró en la antigua alcoba, las maderas del suelo crujieron bajo su peso y, al mirar hacia abajo, descubrió que sus pasos habían dejado huellas sobre el polvo aterciopelado. Los cortinajes envolvían el lecho como una inmensa telaraña recubriendo el hueco existente entre dos postes. Las altas mesas de noche, aún decoradas con sendos pañitos de ganchillo, mostraban en su superficie un par de retratos de lejanos personajes. El orinal de porcelana seguía allí, bajo la cama, y la gran cantidad de mantas apiladas señalaba, quedamente, que la habitación había sido sellada en invierno.
Sí, en invierno, incluso decían que el día más frío del año. Aquella aterradora noche la comarca sufrió las temperaturas más bajas del siglo y muchos vecinos murieron víctimas de diversas enfermedades pulmonares.
Era el día de Santa Cecilia, la patrona de la música, cuando se produjo el terrible hecho. Dicen que un ser de otro mundo se introdujo en la mansión y, buscando el fin de las injusticias, terminó con la familia del tirano a golpe de machete. El alba desveló la más terrible carnicería que nunca se haya presenciado y la casa fue sellada con todo su contenido congelado en un momento en el tiempo.
Murieron los testigos hace ya mucho tiempo y el horror vivido se apagó en ellos dejando tras de sí el mudo lamento de la leyenda transmitida de generación en generación. Los años no han traído oxígeno a la opresora estancia que apenas respira.
El aire le rodeó el cuello con tal fuerza que empezó a sudar copiosamente. La leyenda con su luz de luna llena y aires nocturnos se introdujo en sus venas. Allí, detenida, llamándole desde la urgencia del pasado estaba la palabra. Garabateada en un papel manchado de sangre. PERDÓN.
Imagen bajada de internet

viernes, 13 de agosto de 2010

Agua


Es curioso como, a pesar nuestro, los horóscopos y sus características se empeñan en marcarnos. Estos últimos días de calor decidí bañar a mis perros para refrescarlos y, al mismo tiempo, sacarles un poco de brillo. La mayor, una viejecita que a pesar de sus achaques está empeñada en acompañarnos durante un buen trecho del camino, nació en marzo y es, por lo tanto, una piscis sentimental regida por el elemento AGUA. Cada vez que ve una manguera se disparata y trata de morder el chorro de agua dando saltos en el aire y batiendo las mandíbulas inútilmente alrededor del líquido. Es sencillo sentarla para enjabonarla y aclarar con agua los restos de jabón. Sin embargo, el otro perro, un jovencito de dos años, no ve con buenos ojos que lo rocíe y mucho menos se presta a que lo enjabone. El caso es que éste no nació en marzo sino a finales de julio y es por tanto leo regido por el elemento FUEGO. Total que cada vez que lo traigo junto a la manguera consigue salir corriendo sin que apenas una gota roce su piel.
Observando la experiencia me he encontrado con que yo misma soy escorpión y regida por el elemento AGUA, al igual que mi perra. No me extraña nada porque mi mayor pasión es contemplar el mar transparente sobre las rocas del fondo del mar. Me gusta la sensación del agua refrescando el cuerpo, la brisa soplando sobre la superficie formando pequeñas olas que se rompen contra mí. El contacto del agua con la tierra: ese lugar mágico donde los pensamientos chocan contra la realidad. Salgo del agua, me paro y me vuelvo a mirar hacia atrás. Las pequeñas ondas transparentes producen efervescencias sobre las rocas y, victima de una irresistible atraccion, me vuelvo a lanzar nuevamente a unas aguas que ya han adquirido la misma temperatura que yo.


(imagen bajada de internet)